Nos ponemos de pie con la mirada fija en un punto. Cogemos aire por la nariz mientras levantamos la pierna izquierda y colocamos la planta del pie contra la parte interior del muslo. Respiramos profundamente. Cuando estemos en equilibrio, levantamos los brazos por encima de la cabeza y juntamos las palmas de las manos. nos imaginamos que somos un árbol y ¡tenemos raíces! Elegimos el que más nos guste… un pino, un roble, un cerezo…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.